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LA CONTRASEÑA:
Un grupo de policías está investigando a un grupo de delincuentes que trafican en un local bien custodiado. Desde un coche camuflado vigilan la entrada al local. Quieren infiltrar a un grupo de policías de paisano, pero no saben la contraseña.
En ese momento llega un cliente. Llama a la puerta y desde el interior le dicen: “18”. El cliente responde: “9”. La puerta se abre y accede al interior. Los policías se miran; creen tener la respuesta, pero deciden esperar. Viene otro cliente. Desde dentro le dicen: “8”. Él responde: “4”. La puerta se abre. Los policías sonríen: “Ya lo tenemos. Se trata de responder la mitad del número que te dicen desde dentro”. Para cerciorarse esperan a que llegue otro elemento. Desde dentro dicen: “14”. El cliente contesta: “7”. La puerta se abre. “¿Lo veis?”, dice el jefe de policía. Deciden enviar a un agente. Llama a la puerta. Desde dentro le dicen: “0”. El policía se queda parado. Después de unos breves segundos responde: “0”. Se oye una ráfaga de disparos y el policía muere. Los agentes que hay en el coche se quedan sorprendidos, pero deciden enviar a otro agente. Desde dentro se oye: “6”. El policía contesta muy convencido: “3”. Pero la puerta no se abre. Se oye una ráfaga de disparos y el policía muere. ¿Por qué?
LA BOMBILLA:
Estás frente a una puerta cerrada que conduce a una habitación a oscuras en la cual hay una bombilla, pero donde estás no puedes ver si está encendida o apagada. Lo que sí hay donde estás, son cuatro interruptores independientes de los cuales sólo uno enciende la bombilla del otro lado de la habitación. Puedes activar o desactivar los interruptores cuantas veces quieras, pero sólo puedes entrar en la habitación una sola vez. ¿Cómo harás para determinar cuál es el interruptor que enciende la bombilla?
LAS MONEDAS FALSAS:
Había un jeque árabe muy rico. El jeque tenía que enviar dinero a una de sus mansiones y decidió hacerlo en lingotes de oro de un kg cada uno. Preparó diez camellos con sus respectivas monturas y puso un saco con diez kg de lingotes en cada montura; mandó a un hijo para que controlara el séquito y lo llevara ordenadamente. En una parada en poblado, cuando nadie le veía, uno de los sirvientes cambió los lingotes de su saco por otros falsos, iguales de aspecto pero con el inconveniente de que pesaban un diez por ciento menos. En la mansión de destino, pesaron los lingotes para comprobar la cantidad, pues contarlos llevaría más tiempo. Y se dieron cuenta de que había algo raro. A continuación hicieron una nueva pesada y supieron quién había sido el ladrón. ¿Cómo?
LA CONTRASEÑA: La respuesta no es la mitad del número, sino el número de letras que tiene. Dieciocho tiene nueve letras. Ocho tiene cuatro letras. Catorce tiene siete letras. Cuando desde dentro dicen “0”, deberían haber contestado “cuatro”; y cuando dicen “6”, debían haber respondido “cuatro”
LA BOMBILLA: Primero se encienden el primer interruptor y el segundo. Al cabo de un rato se apaga el primero y se enciende el tercero. Se entra en la habitación: Si la bombilla está apagada y caliente era el primer interruptor. Si la bombilla está encendida y caliente era el segundo. Si la bombilla está encendida y fría es el tercero. Si la bombilla está apagada y fría es el cuarto.
LAS MONEDAS FALSAS: Cogemos un lingote del primer saco, dos del segundo, tres del tercero y así sucesivamente. Pesamos las lingotes. Si pesan 99 kg, el saco de las falsas será el primero. Si pesan 98 gr, el saco de monedas falsas será el segundo... y así sucesivamente.